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2003-12-13 ARROYO DE LAS CAÑAS - EL PEDROSO

 

ARROYO DE LAS CAÑAS (El Pedroso)

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Sábado, 13 de diciembre de 2.003


En este día 13 de diciembre, 12 Batolitos (13 si contamos el móvil de Vicki) nos dimos cita en la Estación Santa Justa (Lola Pérez, Pastora II, Pepe Cuen, Antonio Caro, León, Fina, Vicki Ribes, Elena, Alfonsito, Alfonso, Fausto y María Luisa –estos dos últimos se estrenaban con el grupo-). Salimos a las 9,15 horas y a las 10,50 horas llegamos a El Pedroso. Hicimos algunas compras (pan, vino...), buscamos bar para desayunar, y comenzamos la ruta.

Salimos pronto del pueblo y, desde un principio, estuvimos contemplando por el camino los, ya tan  conocidos para nosotros, batolitos, rodeados de una hierba verde y llena de salud. El día se presentaba espléndido de sol. Al cabo de aproximadamente una hora, el camino se transformó en una especie de vaguada que se fue transformando en un arroyo. Entre alguna hojarasca al borde del arroyo, Pepe Cuen (El Secre) encontró un pájaro triguero que estaba un poco “tocado”, Lo cogimos y lo sacamos del lado del arroyo. Más adelante, otra vez en camino normal, ante la contemplación del paisaje, luminoso, sosegado y lleno de apacible belleza, nos pareció que era buen momento para hacer un ejercicio de silencio, así que permanecimos callados durante unos instantes: nadie más que nosotros habitaban el paisaje. El silencio se vio interrumpido por un ruido estridente, desagradable, inoportuno... ¡¡un móvil!! ¿Habría que penalizar en El Batolito ciertas faltas de carácter grave? En tal caso, este hecho tendría que estar entre las muy graves. Por favor, Vicki, desconecta al menos en los ejercicios de silencio. Son sagrados. (esto no es un toque de atención, es más bien... una bronca).

Acercándonos al Arroyo de las Cañas, nos encontramos con unos aceituneros que nos ofrecieron aceitunas y nos comentaron “buen día para pasear...”. Hicimos el aproximadamente kilómetro que hay por la margen izquierda del arroyo hasta llegar al paso que hay para cruzar al otro lado (eso sí, descalzándonos). Al otro lado el paisaje gana en belleza: todo verde, árboles y algunas piedras grandes a un lado y otro del camino. En una de ellas nos quedamos a tomar un poco el sol, descansar y comer algunos frutos secos, naranjas... Entró de nuevo en escena el 13º miembro participante del día, destacando precisamente por su ausencia: el móvil de Vicky ¿dónde estaba? En cualquier lugar del tramo de camino que habíamos dejado atrás. Como es habitual en estos casos, una comisión de voluntarios salió dispuesto a arropar a Vicky en la búsqueda y captura de móvil. Antonio Caro, Pepe Cuen y Alfonso acompañan a la compañera a desandar. Un par de kilómetros después encontramos (Pepe Cuen) el ya famoso móvil. De vuelta al encuentro del grupo.

Después de estar un rato en la piedra (zona de descanso), riendo un rato con la lectura de la composición de un hospital japonés que alguien llevó (¿León?): Encargada de mamografía à Srta. Tesobo Tuteta, Laboratorio à Temira Tukaka... decidimos continuar la ruta un tramo por el mismo tipo de paisaje, encontrándonos alguna vez más con el arroyo.

Paramos a comer al lado de un gran tronco sobre el suelo, donde dimos cuenta de dos botellas de vino y donde el chorizo de Pepe Cuen causó furor entre las mujeres (también entre algunos hombres). No comimos como cerdos pero sí entre ellos, pues había un buen grupo a nuestro alrededor.

Continuamos la ruta, dejando la zona del arroyo hasta desembocar a un cordel que tomamos a la derecha y nos llevó hasta el pueblo. Tomamos café enfrente de la estación, con suficiente tiempo hasta que tomamos el tren de vuelta sobre las 7,15 horas. No faltó en el tren, hasta Sevilla, la charla, bromas y el impecable discurso de Fausto.

Colorín, colorado, esta ruta se ha acabado.

                                                   Alfonso García Veiga.