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2009-10-02/04 MAROMA - LUCERO Exploración.

TRAVESÍA MAROMA - LUCEROSierra Tejeda (Alhama de Granada)

  2 al 4  de Octubre de 2009

 

  Hace tiempo que estaba en mi mente realizar la travesía que une los dos picos señeros de Sierra Tejeda. La Maroma y El Lucero. Conocedor de mi inquietud, el compañero Luís  me incitó a aprovechar el puente para hacer la exploración previa y la verdad es que no tuve que hacerme de rogar. He aquí el relato de esta experiencia

2 de noviembre 2009

   Nos encontramos en Santa justa. Luis apareció bajo su mochila, y en ese momento se nos vino a la mente lo que sería realizar el camino, cargados de esa manera, pero… ¡Quien dijo miedo! Al coche, y comenzamos la aventura.

   Una vez en Alhama, disfrutamos de una visita turística por ese bonito pueblo, recorriendo sus callejas con sabor entre moriscas y cristianas. Y asomándonos al impresionante tajo, por cuyo fondo corre el río Alhama, jalonado de molinos rodeados por un exuberante bosque en galería.

   Tras la visita, y anochecido, nos dirigimos al área recreativa El Robledal, donde escogimos un emplazamiento junto a las ruinas del cortijo abandonado para montar la tienda. Comida alumbrados por la luna llena recién salida, con la música de fondo de una cercana fuente, y posterior paseo por un encinar, escuchando los sonidos de la noche.

    La noche fue algo fría, a pesar de estar en tienda. Eso nos preocupó, pues pesábamos vivaquear a la noche siguiente en lo alto de Sierra Tejeda.  Concierto de ronquidos, a mi cargo, y hasta mañana

3 de noviembre de 2009

    Nos levantamos antes que el sol. Un día espléndido, que nos auguraba una buena ruta. Un paseo de reconocimiento del Área de acampada de El Robledal, desayuno y levantamos el campamento.

   Preparamos la mochila siendo cuidadosos en la decisión de lo que llevaríamos, pues nos esperaba una fuerte subida, no aconsejable de realizar con mucho peso.  Comida para dos días, agua, 4 litros por cabeza, saco, ropa de abrigo y el doble techo de la tienda para usarlo como protección durante la noche.

   Dejamos el coche aparcado junto a los de los acaban de llegar con la intención de subir a la Maroma. y comenzamos el ascenso con paso tranquilo. Poco a poco ganamos altura, viéndonos recompensados con unas magníficas vistas.

    Pronto llegamos al lugar donde los pinos empezaron a ser sustituidos por especies propias de la sierra. Arces, tejos, mostajos y sabinas. Los arces, según su emplazamiento, mostraban toda la gama de colores. Desde un verde intenso, hasta un fuerte rojo, pasando por dorados otoñales. Los mostajos nos sorprendieron con sus copas cuajadas de rojos frutos en racimos, como cerezas. Un   disfrute.

   Superado el Salto del caballo, en el que disfrutamos con el magnífico trazado de sendero de montaña, que supera con facilidad un paso que desde la lejanía parece infranqueable, atravesamos una semi-llanura tras la que nos asomamos a un impresionante balcón desde el que se divisa toda la costa malagueña desde Nerja a Torremolinos, separada de nosotros por la Axarquía, moteada por sus pequeños pueblos último reducto de los reinos de Táifas.

   Como tanto Luis como yo conocíamos La Maroma, optamos por no subir, centrándonos en nuestro  objetivo principal. El reconocimiento y evaluación de la travesía Maroma – Lucero. Desde el punto en que nos encontrábamos, intuíamos que si nos dirigíamos hacia el este, superando un pequeño puerto, podríamos empezar bien nuestro  camino, pero conocedores de la existencia de un sendero marcado, en el que está la fuente de La Tacita de Plata, regresamos por nuestros pasos, hasta el Salto del Caballo, lugar donde comienza este sendero, encontrándolo fácilmente.

     Está bien marcado, y en su primer tramo discurre, espectacular, sobre los tajos del Salto del Caballo. A medida que avanzábamos, estábamos atentos intentando localizar la fuente, importante  de conocer por ser el único punto de agua a esa altura. Anduvimos un trecho rodeando la montaña por un sendero casi horizontal, hasta que llegamos a un grupo de pinos aislados. Allí estaba la fuente. Tímido chorrito de agua, que sospechamos que se seca al final de el verano, y que en este momento manaba gracias a las últimas lluvias. De todas formas es un lugar interesante, pues además del agua, existe una cercana covacha que podría servir de refugio en caso de necesidad. Tomamos nota para futuras rutas.

   Constatamos que a ese lugar podríamos haber accedido fácilmente pasando por el puerto que anteriormente comenté. Tenemos atajo para el futuro, que nos evitará un rodeo si queremos hacer la travesía.

    Comemos a la sombra de los pinos, y continuamos con la marcha. Descubrimos posteriormente que el sendero nos llevaría directamente a los Llanos de Sedella, tras una subida y posterior fuerte bajada en zigzag, pero dado el carácter de investigación de esta ruta, optamos por buscar la aparente línea recta a nuestro objetivo, dirigiéndonos a un puertecito desde donde intuíamos que podríamos salir a los llanos anteriormente nombrados. Cierto era, pero al precio de tener que hacer el cabra entre peñascos, momento que Luis aprovechó para acordarse de mí y de toda mi familia. Una vez en los llanos, vimos el sendero, que no habíamos tomado, descender por la ladera de un monte. Está claro que ese debe ser el camino escogido en un futuro.

   Paramos en los llanos de Sedella a disfrutar de las vistas que se nos ofrecían a uno y otro lado, vertiente norte y sur, y reemprendimos la marcha por un carril que pudimos comprobar que no nos abandonaría hasta llegar al pié del Lucero.  Cómodo, aunque se hace un poco largo. Lógico, pues es este carril el que resuelve la casi totalidad de la distancia que existe entre las dos cumbres. (15 Km. En línea recta).

    Siguiendo este carril, entre pinos y con la sorpresa  de ver unos pinsapos, obviamente plantados, jalonando el camino, pasamos por varios lugares antiguos pasos entre la costa y el interior. Collado del contadero, Collado de los Carneros y Collado de los Sablazos.  Este punto es el último lugar donde podremos encontrar un lugar para vivaquear en un buen trecho, y desde aquí desciende hacia el norte un carril que bajando en paralelo al río Alhama, nos podría servir de vía de escape si por cualquier razón  decidimos abortar la travesía.

    Decidimos continuar, ya puesto el sol, y a  partir de ese lugar comenzó el sufrimiento. Nuestra intención era vivaquear lo más cerca posible de la base del Lucero, y desconocíamos que nos esperaba un largo tramo totalmente árido, ascendente, y donde batiría el viento viniera de donde viniera. Afortunadamente la luna nos alumbraba, y el espectáculo de las poblaciones iluminadas nos hacía más llevadero el camino, pero el cansancio hacía mella, y no encontrábamos lugar donde pasar la noche con una cierta comodidad.

   Por si fuera poco, cuando ya teníamos a la vista la cantera de mármol que señala donde se encuentra el puerto de Cómpeta, lugar escogido para pasar la noche, el carril giró bruscamente hacia el sur y descendía rápidamente por un barranco, alejándonos de nuestro objetivo. Hago intentos de cortar camino monte a través, pero la cordura de Luís nos hizo desistir, pues lo único que faltaba es tener un accidente a esas hora de la noche y en ese remoto lugar, por lo que optamos por seguir el camino hasta encontrar un lugar donde dormir. Afortunadamente un pinar nos ofreció cobijo, y sobre mullida capa de pinaza, tendimos nuestros sacos y cubiertos con el doble techo de la tienda, sabia decisión el llevarlo, pudimos dormir mucho mejor que la noche anterior. 

4 de Octubre de 2009

  La luz del día nos permite ver las cosas mas claras. Tras recoger el campamento, continuamos la marcha. El camino, que en un principio parecía apartarse de nuestro objetivo, retomaba la dirección correcta, y en poco tiempo estábamos frente a la cantera, sobrepasado el puerto de Cómpeta. Es el momento de decidir. ¿Subimos a El Lucero? Nos queda un largo camino para regresar al coche,  Aunque yo ya he subido a su cima, Luis no. Hace un día espléndido, y decidimos aprovechar la ocasión. 

    Escondemos las mochilas, y con agua y alguna barrita energética como único equipaje emprendemos la subida. En una hora estamos en la cima del mundo, o al menos así nos lo parece. Hemos disfrutado del impresionante sendero que nos ha llevado a la cumbre, y una vez arriba, nos ratificamos en que ha valido la pena el esfuerzo. Un cielo limpio nos permite divisar el mapa en relieve de media Andalucía desplegado a nuestros pies. Hay un pequeño mirador en el que puedes sentir que solo hay espacio abierto ante ti, y puedes llegar a creer que vuelas con vuelo de buitre sintiendo el viento en la cara.

    Tras un buen rato disfrutando del espectáculo, emprendemos el descenso. Nos cruzamos con grupos de senderistas, que sube, unos con más fuerzas, otros con no tantas. Nos llama la atención una familia que sube con cuatro crios con edades de 4 a 10 años. Sorprendidos por los bríos con los que recorren los últimos pasos,   hablamos con ellos, y nos cuentan que ya han subido al Mulhacén, a la Bola del Mundo y paseado por los Pirineos. O sea, más expertos que yo. ¡Vaya cantera!  A medio camino nos cruzamos con un grupo de unos 20 senderistas, tipo Batolitos, que nos dicen que vienen andando desde Jatar. Les deseamos una buena subida.

   Una vez en la base de El Lucero, Rescatamos las mochilas, comemos, y emprendemos el regreso hacia el Collado del Sablazo. Lo que esta mañana fue cuesta abajo, es ahora hacia arriba. Luis y yo nos damos ánimos mutuamente, hasta que alcanzamos con alivio el punto más alto. A partir de ese momento, es una larga pendiente en descenso, la misma que fue nuestra tortura la noche pasada. Llegados al collado, tomamos un carril que nos interna en el barranco por el que discurre el río Alhama. Pasamos junto a un cortijo situado en un lugar resguardado, rodeado de un bosquecillo de diversos árboles, junto al que nace el río.

   El carril continúa descendiendo de forma rápida. Las paredes se estrechan y los montes que flanquean el barranco se ven cada vez más altos. La verdad es que es un lugar para visitar. Pasamos junto a varias cataratas, pero solo podemos adivinarlas, porque están ocultas a la vista por una frondosa vegetación.

  Al fin el camino se despeja y aparece una zona de montes bajos y redondeados. Queda una de las partes en el que tenemos más incertidumbre. En los mapas vemos que hay multitud de caminos, pero terminan en cortijos, y tememos encontrarnos en un punto en el que nos veamos obligados a darnos la vuelta.

   Es tarde, y anochecerá pronto. Encontramos a una persona que nos dice que podemos seguir, pero que es posible que nos  perdamos si no conocemos el camino, a parte de que hay que buscar un puente de palos para cruzar el río, puente del que no está seguro que esté en pié. La otra opción dar un gran rodeo. Momento de los valientes. Seguimos  adelante, y la suerte nos acompaña. Cruzamos por el puente, y tras superar un repecho que a esas alturas nos pareció el Hinmalaya, por fin llegamos al carril que tras una buena caminata, nos dejó directamente a las puertas del cortijo del Robledo, Allí nos esperaba nuestro coche, que estaba solo. Fuimos los últimos en abandonar el lugar.

    ¡Prueba superada! Un abrazo, y a regresar a casa. En el camino de vuelta estuvimos planeando lo que sería el trazado mas idóneo, para invitar a los compañeros a repetir la aventura. Y si hacíamos esos planes, señal sería de que la experiencia resultó satisfactoria.

   Así que ya sabéis compañeros. Quedáis emplazados a realizarla con nosotros. Estad atentos a la pantalla.

   Muchas gracias a Luis, que me animó a que este antiguo sueño se hiciera realidad, y que ha sido tan buen compañero en esta dura travesía.  

   Batolitos, al monte. 

  Manolo R. Espejo.