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2009-11-14 FERROCARRIL MINERO DE CALA

14 de Noviembre de 2009 

Excursión por el ferrocarril minero:de El Ronquillo al Barranco del Burro.

      Los excursionistas quedamos en la Rotonda de El Alamillo a las 7:45, para salir juntos, usando como medio de transporte los coches particulares.

    A las 8 nos dirigimos hacia El Ronquillo, población que se encuentra situada al Norte de Sevilla, sobre la antigua carretera N-630, que lleva hacia Extremadura, a 50 Km de distancia.

    Actualmente, el trayecto se cubre en media hora, utilizando la nueva autovía que se dirige al Norte.

    Llegados a la localidad, se impone acumular energía para la marcha, para lo que paramos a desayunar en El Desembarco, hostal y restaurante donde los exploradores avanzados dimos cuenta el sábado anterior de un opíparo menú. Parte de los participantes se lanzaron a la exploración del pueblo, a la búsqueda de una afamada churrería.

     Hecha la colación, hacia las 9:30, nos dirigimos con nuestros coches hacia el final de la Calle Cantarrana, pasando por el lado de una casa singular, de fachada de piedra, que fue la Venta del Ronco, una de las casas más antiguas del pueblo. Al final de la calle, aparcamos junto a la salida del pueblo hacia el Castillo de las Guardas, cogimos los bártulos y nos echamos a andar, carretera abajo, hacia la Rivera de Huelva.

     La carretera discurre entre vegetación típica de dehesa, describiendo curvas y bajando hasta la rivera. A la salida, se ve una panorámica del pueblo, bonita antes, pero ahora afeada por una urbanización con hormigones abundantes, a la que el “ladrillazo” la ha sorprendido sin terminar. Más abajo, vemos un barranco a nuestra izquierda, por el que amarillean algunos árboles caducifolios. La carretera cruzaba antiguamente un puente sobre la rivera, para dirigirse hacia el Castillo de las Guardas, pero ahora el puente está bajo las aguas, al haber subido su nivel por el embalse de la Minilla.

        Paralela al cauce discurría la vía del ferrocarril minero, hoy desmantelada. Nosotros tomamos hacia el Norte, siguiendo aguas arriba el cauce de la rivera. La antigua vía, convertida en un camino carretero que comunica las fincas de los alrededores, discurre casi siempre paralela a la corriente, en suave cuesta arriba.

     Aproximadamente a 1 Km. de vía encontramos las Casas del Palmareto, edificadas sobre una ladera que domina la rivera, que permite ver una amplia perspectiva del río, que se dirige describiendo curvas hacia el embalse de la Minilla.

      Seguimos nuestro camino, a veces viendo el río, otras rodeados por las trincheras que los constructores de la vía excavaron para eliminar las pendientes excesivas. A veces vimos las ruinas de apeaderos, de casillas del ferrocarril, árboles de gran porte junto a la vía, como eucaliptos, y otras vamos sobre terraplenes, que van cortando barrancos y que nos dejan ver los campos de alrededor, arbolados con encinas dispuestas en dehesas, donde vemos correr a los cerdos ibéricos, y pastan vacas y algunas cabras.

      El camino discurre tranquilo, se avanza casi sin notar, por la pequeña pendiente de la vía. A medida que avanzamos nos vamos elevando con respecto de las aguas de la rivera, hasta que alcanzamos un puente que cruzaba el río, obra de mampostería y de hierro, que está cortado, por haberse desmantelado la obra de hierro. Este puente cruzaba la rivera, soportando una ramal que se dirigía hacia el Oeste, en busca de las Minas de el Castillo de las Guardas y aún más allá.

      Cruzamos otros puentes, de construcción también en mampostería y hierro, que cruzan barrancos que desembocan en la rivera. Las aguas de ésta se van haciendo menos profundas, discurriendo entre rocas y terrenos pedregosos, con algunos meandros con tierra de aluvión, haciendo llegar hasta nosotros su rumor al pasar entre las piedras.

     Más adelante, nos despegamos del río, que describe una curva hacia nuestra izquierda, para rodear un monte, que nosotros atravesamos sin sobresaltos por dentro de un túnel.

     Poco después, llegamos al final de nuestro paseo, junto al Barranco del Burro. El barranco lo cruza un puente, del mismo tipo de los que hemos cruzado antes, pero que tiene la estructura de hierro al aire y ha perdido gran parte de las planchas que formaban sus andenes, y que hay que cruzar haciendo equilibrios sobre las vigas.

     Pocos de nosotros se atrevieron a pasar al otro lado. Nos quedamos la mayoría contemplando el puente y los cercados que cortan el camino al otro lado.

     Después de un rato de descanso, emprendimos el regreso, sin cansarnos de contemplar el espectáculo de los paisajes que nos ofrece el río y sus alrededores.

     A la llegada a la carretera, hicimos de nuevo un alto, donde comernos el bocadillo, aunque algunos más andarines prefirieron subir a El Ronquillo del tirón, para ir a probar los magníficos arroces que ofrece la localidad.     Subimos después la cuesta, haciendo nueva parada en la Finca del Hoyo a comprar queso, y nos juntamos con los arroceros en la Plaza de España, donde echamos un cafetito en Casa Ferrer, volviéndonos después a los coches, donde nos despedimos y dimos por finalizada la excursión hacia las 18 horas.

Conclusión:

A destacar por lo bueno:

      La magnífica compañía de nuestros compañeros del club y agregados y su buen humor, que hace amena cualquier ruta.

      La ruta en sí, de longitud no exagerada (20 Km.), fácil con buen tiempo y si no hace mucho calor, como fue el caso, que nos ofrece unos hermosos paisajes del Rivera de Huelva y una buena ocasión para ejercitar las piernas.

Lo menos bueno:

      La larguísima fila de caminantes, debida a los que andan algunos y lo poco que andan otros. Las esperas consiguientes.

 Ángel Antonio Satué